Deepfakes en campaña: la ley llega a medias

Quedan seis semanas para el 29 de noviembre y la campaña ya tiene un actor nuevo que no figura en ninguna lista: la inteligencia artificial. No hace falta imaginar lo que puede ocurrir. Basta con mirar a Brasil.

Entre el 16 de agosto y el 28 de septiembre, la agencia de verificación Lupa contó allí 920 publicaciones políticas creadas o manipuladas con IA. Más de la mitad eran deepfakes. Seis de cada diez no avisaban de que eran artificiales. Hubo votantes que no existían, encuestas inventadas en boca de presentadores suplantados y apoyos internacionales que nunca se produjeron. Todo, en apenas seis semanas.

España llega a las urnas con mejores reglas que Brasil, pero incompletas. Desde el 2 de agosto, el reglamento europeo de IA obliga a quien difunde un deepfake a decir que lo es. Es un avance real. El problema es que depende de la buena fe de quien publica, y quien fabrica un vídeo falso para tumbar a un candidato no suele tenerla. Además, la norma no alcanza a los particulares que actúan a título personal, que es justo donde viven las cuentas anónimas.

La pieza que de verdad cambiaría el partido es otra: la marca técnica, invisible para el ojo pero legible por las máquinas, que permite a una red social detectar sola que una imagen o una voz han salido de una IA. Bruselas la aprobó, pero este verano concedió una prórroga. Para las herramientas que ya estaban en el mercado, será exigible el 2 de diciembre. Tres días después de que votemos.

No es una conspiración. Es algo peor: la lentitud de siempre. Europa legisla bien sobre el papel y tarde en la calle. Discute durante años los grandes principios y luego aplaza la letra pequeña, que es la que funciona.

Mientras tanto, la responsabilidad recae en quien más tiene que perder. Los partidos deberían comprometerse por escrito a no usar contenido sintético sin etiquetarlo, y a denunciar también el que les beneficie. Las plataformas ya tienen herramientas para adelantarse a la obligación; nada les impide hacerlo. Y los medios deberían recordar que un vídeo viral no es una fuente.

Al votante le queda la defensa más antigua: desconfiar de lo que encaja demasiado bien con lo que ya pensaba. Si un candidato dice algo increíble en un vídeo, lo más probable es que no lo haya dicho.

La democracia no se protege con reglamentos que llegan en diciembre. Se protege en noviembre.

Alberto Mendoza

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