El Gobierno ya tiene su titular para la campaña, 22.852.600 ocupados, la cifra más alta de nuestra historia, y es verdad. Pero la Encuesta de Población Activa del tercer trimestre, que el INE publicó el 27 de octubre, cuenta bastantes más cosas, y no todas caben en un mitin.
La primera es que el paro sube. Hay 95.900 parados más que en junio, hasta 2.591.200, y la tasa vuelve al 10,18%, tres décimas más en un solo trimestre. Tenemos, a la vez, récord de gente trabajando y más gente que busca empleo sin encontrarlo, mientras 786.100 hogares tienen a todos sus miembros activos en paro.
La segunda es quién crea el empleo. Entre julio y septiembre, el sector privado perdió 16.300 puestos y el público ganó 89.900, de modo que todo el empleo neto del trimestre, y algo más, lo ha puesto la Administración. Una parte es estacional, porque septiembre trae contratos en la enseñanza, pero el mensaje incomoda: la empresa se ha frenado, y quien sigue contratando es quien paga con nuestros impuestos.
La tercera son los autónomos. El INE registra 15.500 trabajadores por cuenta propia menos en tres meses, y la asociación ATA habla de más de 104.000 perdidos en un año. Son quienes levantan la persiana cada mañana sin red, y cuando uno de ellos cierra no se pierde solo un empleo, se pierde una pequeña empresa que mañana podría haber contratado.
La cuarta es que el empleo crece, sobre todo, porque crece la población. La población activa sumó 169.500 personas en un trimestre, los ocupados extranjeros aumentaron en 75.400 y los españoles bajaron en 1.800. Bienvenido sea quien viene a trabajar, pero un país que crece sumando brazos, y no productividad, acaba acostumbrándose a sueldos bajos y a pisos imposibles.
Nada de esto es una catástrofe, porque en doce meses hay 465.500 ocupados más y 21.900 parados menos. El problema es otro, y consiste en confundir volumen con salud. Un récord de ocupados con más paro, menos autónomos y un sector privado que retrocede no es un éxito, sino un aviso, y conviene escucharlo antes de que la economía se enfríe, no después.
A quien gobierne después del 29 de noviembre le pediría tres cosas: menos cargas para el autónomo y la pyme, un mercado laboral que premie la productividad y no solo el número de contratos, y un Estado que no presuma del empleo que crea él mismo, porque ese empleo, al final, lo pagamos todos.
Las cifras no votan, pero deberían orientar el voto.
Alberto Mendoza