Una huelga general contra quien no gobierna

UGT y CCOO han convocado una huelga general por la vivienda y los salarios. Es la primera que convocan juntos desde 2012 y la primera con Pedro Sánchez en la Moncloa. Ya tiene fecha: el miércoles 11 de noviembre, dieciocho días antes de las elecciones del 29 y dos antes de que arranque la campaña.

Conviene recordar el orden de los hechos. El 2 de octubre, el Congreso rechazó los dos decretos de vivienda del Gobierno con los votos de PP, Vox y Junts. Sánchez adelantó las elecciones. Tres días después, los sindicatos anunciaron el paro. Dos días más tarde, ya tenía fecha.

Lo dijo sin rodeos María Jesús Montero, directora de estrategia de la campaña socialista: «Habitualmente las huelgas generales se convocan contra los gobiernos, en este caso se convoca contra la oposición». Después aclaró que no apoya la convocatoria, aunque le parece lógica. La aclaración no corrige el diagnóstico. Lo confirma.

Los sindicatos sostienen que la protesta se dirige a todas las administraciones y a los empresarios. Sobre el papel, el argumento se sostiene. La vivienda depende de ayuntamientos, comunidades y Estado, y los salarios se negocian con las empresas. Pero el calendario habla más alto que los comunicados.

Durante ocho años ha habido motivos para parar. La inflación se comió los sueldos. El alquiler se disparó. La vivienda pasó de problema a emergencia. No hubo huelga general. La hay ahora, cuando el Gobierno ya no puede legislar y los ciudadanos están a punto de votar.

Una huelga general es la herramienta más seria que tienen los trabajadores. Sirve para presionar a quien decide. Hoy, con las Cortes disueltas, nadie puede aprobar una ley de vivienda hasta que haya nuevo Gobierno. Este paro no puede cambiar ninguna norma. Solo puede cambiar votos.

Por eso esta huelga no se dirige contra quien gobierna, sino contra quien podría gobernar. Y en la práctica, le hace la campaña a quien ya gobierna.

Cualquiera tiene derecho a votar pensando en la vivienda. Pero debería hacerlo sabiendo quién convoca, cuándo y contra quién. Ocho años de silencio también son un mensaje.

Alberto Mendoza

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